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Archive for July 25th, 2006

Robar la memoria del otro

Releo incrédulo el artículo publicado en Tendencias 21, y que resume las investigaciones realizadas en USA y Nueva Zelanda sobre un increíble hecho sicológico: La capacidad que tiene la mente humana para apropiarse de los recuerdos de personas muy allegadas hasta el punto de estar convencida de que se tratan de recuerdos propios.

Teniendo en cuenta que los recuerdos constituyen el núcleo de nuestra personalidad, resulta a la par apasionante e inquietante el descubrir, que, sin recurrir a ningún artificio, droga ni tecnología exterior, poseemos esta facultad de autoengaño. Muy selectivo, por cierto. los recuerdos “robados” son mayoritariamente, las experiencias ajenas que resultan provechosos ó gratificantes para el individuo, y de las experiencias desagradables que se roban, básicamente son las desgracias, pero, (curioso mecanismo de selección que tenemos), desechamos los recuerdos de errores, ridículos y situaciones vergonzosas.

Extrapolaciones de esta capacidad de apropiarse de la memoria del otro podemos aplicar al día a día. Sinvergüenzas y expoliadores de lo ajeno abundan mucho mas que lo contrario. Eso no llama la atención. Pero que dispongamos de este mecanismo subsconciente y lo apliquemos con tanta eficacia que no se pueda distinguir de un recuerdo auténtico de aquél que no lo es, abre todo un mundo de especulaciones al respecto. ¿Os imagináis si la tecnología permitirá realizar esto voluntariamente?.

¿Os acordáis de la película “Olvídate de mí“?. Jim Carrey repetía su historia conjuntamente con Kate Winslet pues ambos habían borrado voluntariamente sus recuerdos. De hecho, el título original, mucho más significativo que la insípida traducción que hizo que esta genial película pasara sin pena ni gloria por nuestros cines, era: “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” (”el brillo eterno de la mente inmaculada”) es una cita tomada de un poema de Alexander Pope, en el que hace alegoría de de la tranquila felicidad alcanzada en una vida sin recuerdos dolorosos, vergonzosos ni arrepentimientos ó nostalgias.

No es algo nuevo, ni mucho menos. Hace 3000 años Homero ya nos describió esa posiblidad con los “comedores de lotos“, pero ¿realmente es algo que merezca la pena?. Contrapuesta a la tentación de borrar de nuestra memoria esos recuerdos..¿no perderíamos mas al hacerlo?. ¿No forma parte de nuestro carácter también esas cicatrices?. No sé que opináis vosotros, pero creo a nivel individual, el mantener esos recuerdos, al menos que por razones médicas se recomiende su borrado ó modificación para prevenir trastornos graves, es el cemento que consolida nuestra personalidad.